jueves, 27 de marzo de 2008

DADME UN RESPIRO...

Richard Widmark también se nos ha ido

Llevamos una semanita que lo mejor será que se acabe de una maldita vez…
Y es que vamos de disgusto en disgusto. Si la semana pasada hablaba en La última sesión del repentino fallecimiento de Anthony Minguella, sin solución de continuidad nos encontramos de sopetón en plena Semana Santa con la muerte del tremendo actor británico Paul Scofield y con la del escritor Arthur C. Clark.
Al primero, de 86 años de edad, lo conocíamos gracias (sobre todo) a su papel de Tomás Moro en Un hombre para la eternidad de Fred Zinnemann, por la que ganó el Oscar en 1966. Toda una institución en el teatro británico, se prodigó poco en el cine, siendo destacable en su filmografía películas como El tren (en la que hacía un memorable papel de oficial nazi), Enrique V, Quiz show o El crisol.

De Arthur C. Clarke sólo hay que nombrar 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick (y su apreciable aunque inferior continuación 2010: Odisea dos de Peter Hyams) para presentarle.

El verdugo, La vaquilla, El pisito, El cochecito, Belle Epoque, El bosque animado, La niña de tus ojos, Plácido, La escopeta nacional o La lengua de las mariposas fueron algunas de sus muchas aportaciones al cine español. El maestro de guionistas Rafael Azcona también se nos fue (en Domingo de Resurrección, un guiño irónico muy azconiano), siendo quizá la noticia cinematográfica más comentada este principio de semana.

Y ahora resulta que también se nos fue el pasado lunes todo un clásico del cine de Hollywood como es Richard Widmark. El cruel e implacable Tommy Udo de El beso de la muerte de Henry Hathaway, el actor de películas como Pánico en las calles, Noche en la ciudad, El diablo de las aguas turbias, Lanza rota, El jardín del diablo, El Álamo o (indiscutiblemente mi preferida de él) Dos cabalgan juntos, entre otras muchas, también nos ha dejado.

A ver si tenemos un descanso, que a este paso no nos va a quedar sitio en la funeraria…

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