viernes, 14 de marzo de 2008

ESCENA DE "EL HOMBRE ELEFANTE"

¡No soy un animal!, ¡soy un ser humano!

Salvo excepciones en su filmografía, como es el caso de Una historia verdadera, David Lynch es conocido por ser una rara avis dentro del mundo del cine. Adorado por algunos, odiado por otros, la particular (en ocasiones casi lisérgica) visión de la vida que tiene Lynch no deja a nadie indiferente. Y para muestra el botón que supone su última película hasta la fecha: Inland Empire.
Tras lo que fue su debut en la dirección, la muy marciana Cabeza borradora (1977), Lynch dio un cambio radical en su carrera al aceptar la realización de El hombre elefante (1980), la historia real de John Merrick (John Hurt), un hombre con una deformidad ósea congénita que le daba una apariencia monstruosa y de la relación que se estableció entre él y el médico Frederick Treves (Anthony Hopkins).
Quizá la escena más conocida y reveladora de esta película sea esta, en la que Merrick, oculta su deformidad bajo una máscara, es perseguido por la estación de tren y acorralado por un grupo de gente que no ve más allá de su monstruosa apariencia. Desesperado y a punto de ser agredido, lanza un grito pidiendo que se le trate como lo que es: un ser humano.

1 comentario:

Akinogal dijo...

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