viernes, 10 de mayo de 2013

FALLECE ALFREDO LANDA

Don Alfredo se ha ido a jugar al mus a otra parte


Hace ya unos cuantos años, un servidor se encontró con Alfredo Landa en San Sebastián. Había ido al festival y, en una pausa entre película y película, me fui a tomarme un café. Ensimismado en mis pensamientos tardé en un poco en darme cuenta de que tenía en la mesa de al lado al involuntario creador del landismo, ese subgénero de nuestro cine asociado a un tiempo un tanto casposo que visto con perspectiva no sólo se ve como un reflejo bastante veraz de una época sino que además se disfruta con cierto cariño.
Abrumado por la presencia de alguien a quien uno admira (el que escribe es un mitómano irredento) mi primer impulso fue el de querer acercarme a decirle algo, estrecharle simplemente la mano... lo que fuese... por poco que fuese. Pero me pudo la vergüenza y me impuso además su figura seria, de alguien que sólo necesita que le dejen tranquilo un rato. Todavía me arrepiento de no haberlo hecho.
Y ayer me arrepentí mucho más, porque ya no tendré la oportunidad de acercarme a decirle que era un grande, antes del landismo, durante el landismo, después del landismo... siempre. Que me emociono cada vez que veo Los santos inocentes, que me encanta en El crack, que me identifico con él en Las verdes praderas (una de las películas preferidas de mi padre, por cierto), que me río con él en El bosque animado y en La vaquilla... y que gracias a que existe el cine podré seguir disfrutando con su arte.
Dicen que desde que se retiró de la actuación se dedicó a su otra pasión, que era jugar al mus. Yo, que también me dejo y me he dejado horas de mus con los amiguetes, pagaría por haber echado unas manos con él sentado a la mesa.
Descanse en paz, don Alfredo.